¿A quién viene Cristo a llevarse en el Arrebatamiento?
La respuesta sin
ambages, es: a los suyos; a todos aquellos que han sido justificados
por Sus méritos en la cruz:
“a los que
antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a
la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos
hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que
llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos
también glorificó” (Romanos 8: 29, 30)
Entonces, todos a los que Cristo viene a buscar, tienen algo en común. Tienen la fe que vence al mundo: “Porque
todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria
que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo,
sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” (1 Juan 5: 4, 5)
Por lo tanto,
podrá entre ellos haber personas más avivadas, más santificadas, o
menos, pero independientemente de su fidelidad, y teniendo en cuenta
que la Escritura nos enseña que somos infieles por naturaleza (2 Ti. 2:
13; Ro. 7: 14, 15), son de Cristo, porque un día nacieron de nuevo
(Jn. 3: 3), y ese fue un acto de Dios, no humano.
Todos los
santos; y santo es aquel que ha nacido de Dios (Jn. 3: 3; 1 Juan 3: 9),
es parte del cuerpo de Cristo, por lo tanto, resucitará en Cristo, y
si vive para ese día glorioso para la Iglesia, será transformado (1 Co.
15: 50-52)
© Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey, Madrid, España.
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